El Gran Premio de Japón 2026 dejó una señal de alerta en la Fórmula 1. Más allá de la competencia, el accidente del británico Oliver Bearman en Suzuka puso en evidencia los riesgos de una reglamentación que, en su primer año, ya genera dudas entre pilotos y equipos.
El incidente ocurrió en la vuelta 22, cuando el piloto de Haas F1 Team intentaba superar al argentino Franco Colapinto en la curva 13. La maniobra estuvo condicionada por un elemento clave en la nueva Fórmula 1: la gestión energética, que provocó una diferencia de velocidad crítica entre ambos monoplazas.
Mientras Bearman llegaba con mayor impulso gracias al ‘boost’, su rival se encontraba limitado tras perder energía eléctrica. La diferencia superaba los 50 km/h, una brecha que dejó sin margen de reacción al británico, quien en su intento por evitar el contacto perdió el control y terminó impactando contra las protecciones con una fuerza superior a los 50G.
A pesar de la violencia del golpe, el piloto descendió del auto por su propio pie, aunque con visibles molestias, incluso cojeando. Más tarde, envió un mensaje tranquilizador: “Fue un momento de susto, pero todo está bien… me encuentro perfectamente”.
Sin embargo, el propio Bearman apuntó directamente al origen del problema: “Mi velocidad era mucho más alta… unos 50 km/h más, algo que forma parte de la nueva normativa”.
La reacción de la Federación Internacional del Automóvil fue inmediata. El organismo reconoció que las regulaciones 2026 continúan en análisis: “Han sido objeto de debates continuos… especialmente en lo relativo a la gestión de la energía“.
Además, confirmó ajustes en puerta: “Se han programado reuniones en abril para evaluar el funcionamiento del reglamento y determinar si son necesarios cambios”.
Desde la parrilla, la crítica también fue directa. Carlos Sainz lo advirtió con claridad: “Cuando hay diferencias de velocidad de 50 km/h, eso en realidad no es competir“.









