EUA modificó parte de su estrategia migratoria al decidir abandonar siete de los once almacenes adquiridos para convertirlos en centros de detención de inmigrantes, un proyecto que había sido impulsado para reforzar las deportaciones masivas.
De acuerdo con reportes difundidos por medios estadounidenses, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) dejará de utilizar inmuebles en los que se habían invertido cerca de 700 millones de dólares.
La iniciativa formaba parte de un plan más amplio para aumentar la capacidad de detención migratoria en distintos estados del país y acelerar los procesos relacionados con la política de control fronterizo.
Sin embargo, las autoridades enfrentaron diversos obstáculos, entre ellos demandas judiciales, resistencia de comunidades locales y elevados costos para adaptar los edificios a las necesidades de un centro de detención.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) contempla vender o transferir los inmuebles descartados a otras dependencias federales, mientras redefine el alcance de su infraestructura migratoria.
La decisión representa uno de los cambios más significativos en la estrategia de expansión impulsada durante los últimos años dentro del sistema migratorio estadounidense.
