La Miss Universo Nicaragua se ve obligada a abandonar el país

En un giro dramático que entrelaza política y glamour, la familia de Sheynnis Palacios, actual Miss Universo y oriunda de Nicaragua, se ha visto forzada a abandonar su país en medio de tensiones políticas y acusaciones de conspiración.

Este inesperado evento no solo pone de relieve las complicaciones internas de Nicaragua, sino que también subraya cómo las figuras prominentes pueden ser arrastradas a conflictos políticos de mayor envergadura.

La situación de la familia de Sheynnis Palacios se agravó cuando el régimen de Daniel Ortega acusó a la organización Miss Universo en Nicaragua de conspirar contra el gobierno. La directora del certamen, Karen Celebertti, también fue desterrada y acusada de traición. Este hecho resalta la creciente tensión entre el gobierno y aquellos percibidos como opositores o amenazas al statu quo político.

Sheynnis Palacios, además de llevar con gracia la corona de Miss Universo, se ha convertido en un símbolo inadvertido de resistencia. Su participación en las protestas de 2018 contra el gobierno de Ortega marcó un hito, y ahora su título de Miss Universo se ve empañado por la política.

Actualmente, su familia reside en Estados Unidos, donde se les ha concedido asilo por razones humanitarias. En respuesta a las acusaciones y al exilio de figuras clave dentro de la franquicia de Miss Universo, el régimen de Ortega ha lanzado su propio certamen de belleza, intentando redefinir la narrativa cultural y la representación nacional fuera del control de entidades que considera hostiles.

El impacto de Palacios ha transcendido la esfera de la belleza, tocando el arte y la expresión cultural. Un intento de homenajearla a través de un mural en Nicaragua fue abruptamente cancelado por el gobierno, que lo consideró un acto de desafío político. Los artistas detrás del proyecto expresaron su desilusión, resaltando cómo incluso el arte se ha convertido en un campo de batalla político.

El caso de Sheynnis Palacios y su familia ilustra la compleja interacción entre la cultura, la política y la identidad nacional en Nicaragua. Mientras Palacios continúa representando a su país en el escenario mundial, su familia enfrenta un futuro incierto lejos de su hogar.

 

Redacción / El Telégrafo

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