El gobierno de Estados Unidos inició la construcción de un nuevo tramo del muro fronterizo con México, el cual además está siendo pintado de negro como parte de una nueva estrategia para reforzar la seguridad en la frontera sur.
Los trabajos se realizan en la zona de Santa Teresa, donde se instalaron aproximadamente 400 metros adicionales de estructura metálica con el objetivo de fortalecer el control migratorio en esa región.
De acuerdo con autoridades estadounidenses, el color negro permitirá que el metal absorba mayor cantidad de calor solar, elevando su temperatura y dificultando que pueda ser tocado o escalado durante el día.
Además, se explicó que esta capa de pintura también ayudaría a proteger el acero contra la corrosión y prolongar la vida útil de la estructura en una zona caracterizada por condiciones climáticas extremas.
La medida ha generado atención por el impacto visual y funcional que representa en la frontera, además de abrir nuevamente el debate sobre las políticas migratorias y de seguridad implementadas por Estados Unidos en su límite territorial con México.
Especialistas han advertido que el calentamiento del metal podría representar mayores riesgos físicos para quienes intenten cruzar por esta zona, particularmente durante temporadas de altas temperaturas en el desierto.
