Proyecto Panamá: cómo la IA estaría destruyendo libros antiguos

La inteligencia artificial ha generado una enorme demanda de información para entrenar modelos capaces de comprender, resumir y generar contenido. Esta necesidad de datos ha llevado a empresas tecnológicas a buscar material incluso en librerías especializadas en libros antiguos.

El fenómeno conocido como Proyecto Panamá comenzó a ser identificado después de que libreros de diferentes países detectaran pedidos inusuales de grandes cantidades de ejemplares.

Uno de los casos ocurrió en la Librería Fénix de Badalona, España, donde su propietario, Marçal Font, recibió en abril de 2026 una serie de solicitudes provenientes de una empresa canadiense.

Aunque vender libros antiguos al extranjero era una actividad habitual para Font, el comportamiento de los compradores llamó su atención.

Los pedidos eran realizados con pocos minutos de diferencia, incluían cantidades poco habituales de libros y estaban acompañados de elevados costos de envío.

Font decidió investigar junto con Xavier Vinaixa, investigador especializado en inteligencia artificial, y encontraron testimonios de otros libreros en Alemania, Nueva Zelanda y otros países.

La investigación detrás del Proyecto Panamá

El nombre Proyecto Panamá comenzó a circular a partir de documentos relacionados con un proceso judicial contra Anthropic.

En 2025, la empresa de inteligencia artificial acordó pagar mil 500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva de autores que acusaban a la compañía de utilizar sus obras sin autorización para entrenar sus sistemas.

Meses después, documentos relacionados con el proceso judicial revelaron referencias a un proyecto destinado a digitalizar grandes cantidades de libros.

La información provocó nuevas investigaciones sobre la compra de ejemplares antiguos en diferentes partes del mundo.

Libreros entrevistados por distintos medios describieron pedidos que no correspondían al comportamiento habitual de los compradores de libros usados.

Mientras un lector normalmente busca títulos específicos, algunas empresas solicitaban cientos de ejemplares de manera simultánea.

La técnica que destruye los libros

La digitalización puede realizarse sin dañar los ejemplares mediante escáneres planos o equipos que permiten pasar las páginas sin desmontar la encuadernación.

Sin embargo, cuando se necesita digitalizar millones de páginas rápidamente, algunas empresas recurren al llamado escaneo destructivo.

El procedimiento comienza cortando el lomo del libro para separar las hojas.

Después, las páginas son introducidas en escáneres industriales de alta velocidad capaces de procesar grandes cantidades de documentos automáticamente.

El resultado es un archivo digital que contiene el texto, pero el libro físico queda prácticamente inutilizable.

Las páginas y restos de la encuadernación pueden terminar en procesos de reciclaje.

El método resulta atractivo para las empresas porque permite procesar grandes volúmenes de información en menos tiempo y con un menor costo.

Los libros son utilizados para entrenar a la IA

Los sistemas de inteligencia artificial necesitan enormes cantidades de información para aprender a relacionar palabras y conceptos.

Los grandes modelos de lenguaje, conocidos como LLM, son entrenados con colecciones de textos que les permiten identificar patrones lingüísticos.

Inicialmente, una parte importante de esos datos procedía de internet: páginas web, blogs, foros y otros contenidos.

Con el crecimiento de los modelos, la búsqueda de información se amplió hacia periódicos, videos, bibliotecas y libros digitalizados.

Ahora, el interés también se ha dirigido hacia publicaciones antiguas y poco comerciales que pueden contener información que todavía no ha sido incorporada a los conjuntos de datos utilizados para entrenar sistemas de IA.

De esta manera, las librerías de segunda mano se han convertido en una fuente potencial de material para las empresas tecnológicas.

El patrimonio cultural podría quedar en riesgo

El proceso ha generado preocupación entre profesionales dedicados a la conservación de libros antiguos.

Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguos de España, considera que no debería aplicarse el mismo criterio a un libro de una edición masiva que a un ejemplar único o extremadamente raro.

El riesgo principal consiste en que las compras indiscriminadas terminen destruyendo libros de los que existen muy pocas copias.

También existe preocupación por las publicaciones que nunca fueron incorporadas al circuito editorial convencional.

Fanzines, publicaciones de contracultura, documentos políticos y materiales vinculados con movimientos sociales pueden no contar con ISBN y quedar fuera de los procesos de digitalización comercial.

Estos documentos pueden contener información relevante para investigadores y futuras generaciones.

Un archivo digital no conserva todo

Otro de los grandes debates alrededor del Proyecto Panamá es la diferencia entre digitalizar un libro y conservarlo.

Un archivo digital puede reproducir las palabras de una obra, pero no necesariamente conserva todos los elementos que forman parte de su historia.

La encuadernación, las anotaciones de antiguos propietarios, los sellos, las ilustraciones, el papel, la procedencia o las marcas de uso pueden desaparecer durante una digitalización enfocada exclusivamente en extraer el texto.

Por ello, los especialistas consideran fundamentales los metadatos, que permiten conservar información sobre el contexto y las características del ejemplar.

Dos libros con el mismo contenido pueden tener un valor histórico diferente si uno perteneció a una persona relevante, contiene anotaciones particulares o cuenta con una encuadernación artesanal.

El problema de los datos generados por la propia IA

La carrera por encontrar información también plantea dudas sobre el futuro de los modelos de inteligencia artificial.

Xavier Vinaixa considera que los datos pueden convertirse en uno de los principales límites para continuar desarrollando sistemas cada vez más avanzados.

Cuando el contenido producido por seres humanos resulte insuficiente, las empresas podrían recurrir a datos sintéticos generados por las propias inteligencias artificiales.

Esta alternativa podría provocar un nuevo problema si los modelos comienzan a entrenarse con información producida por otras IA.

Los especialistas advierten que una cadena de este tipo podría amplificar errores y generar contenidos cada vez más alejados de las fuentes originales.

El proceso podría parecerse a resumir un texto, después resumir ese resumen y volver a resumirlo una y otra vez, hasta perder parte importante de la información original.

El Proyecto Panamá continúa generando preguntas

Después de los primeros pedidos detectados en la Librería Fénix, las empresas involucradas modificaron sus métodos de logística y comenzaron a utilizar distintos destinos para recibir los ejemplares.

Los envíos llegaron a Norteamérica y Alemania, entre otros lugares.

Tras varias semanas sin nuevos pedidos, Font recibió recientemente otra solicitud.

Para el librero, esto demuestra que la búsqueda de libros antiguos para alimentar sistemas de inteligencia artificial no ha terminado.

El Proyecto Panamá deja así un debate abierto sobre el futuro de los libros y la tecnología.

La inteligencia artificial necesita cada vez más datos para desarrollarse, pero la búsqueda de información plantea el desafío de preservar las fuentes originales y evitar que la digitalización termine destruyendo parte del patrimonio cultural que pretende convertir en conocimiento digital.

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