Christophe Gans ha regresado a la dirección de Silent Hill: Regreso al Infierno y ha logrado lo más difícil en una adaptación: que la película se sienta y respire exactamente igual que el videojuego que marcó a una generación.
Lo primero que atrapa al espectador es la parte visual. No estamos ante una película de terror genérica; la recreación del pueblo es impresionante. La niebla espesa, los edificios oxidados y esa oscuridad “sucia” te hacen sentir que realmente estás caminando por las calles de Silent Hill. El director demuestra, una vez más, que entiende perfectamente el estilo visual único de la saga.
Pero si la imagen es buena, el sonido es el verdadero protagonista. La música original de Akira Yamaoka no es solo un fondo para los sustos; es el corazón de la cinta. Sus melodías logran transmitir esa mezcla única de tristeza, nostalgia y miedo que los fans conocen tan bien.
En cuanto a la historia, la película trata con mucho respeto el viaje de James Sunderland. Jeremy Irvine logra transmitir de forma muy convincente la culpa y la desesperación del personaje, sin caer en la acción exagerada. Es una adaptación hecha con cariño, seria y visualmente hermosa, ideal para quienes quieren volver a perderse en la niebla del pueblo maldito.
Estreno el 22 de enero de 2026 en las salas de tu cine favorito.










