‘El diablo viste a la moda 2’: un regreso elegante y nostálgico

Volver a El diablo viste a la moda después de casi 20 años era una apuesta arriesgada. No solo por lo icónica que fue la primera entrega, sino porque el mundo que retrataba —revistas, pasarelas, jerarquías rígidas— ya no existe de la misma forma. Sin embargo, El diablo viste a la moda 2 logra algo interesante: no intenta repetir la fórmula, sino enfrentar ese cambio de frente.

El regreso de Meryl Streep como Miranda Priestly sigue siendo el eje más sólido de la historia. Su presencia impone, pero ahora el personaje se mueve en un terreno menos seguro. Ya no domina un imperio intocable, sino una industria que se le escapa hacia lo digital, hacia lo inmediato, hacia una audiencia que ya no espera el siguiente número de revista.

Del otro lado está Anne Hathaway, con una Andrea Sachs mucho más madura, pero también más vulnerable de lo que aparenta. Su éxito profesional no la protege de la inestabilidad actual del periodismo, y ahí es donde la película encuentra uno de sus temas más interesantes: el desgaste de una profesión que antes parecía aspiracional.

El guion acierta cuando deja de lado el glamour superficial y se mete en estas tensiones. Sin embargo, también tropieza al intentar abarcar demasiado. Hay momentos donde la historia pierde ritmo, como si no terminara de decidir si quiere ser una crítica a la industria o un reencuentro nostálgico.

La aparición de Emily Blunt como Emily Charlton añade dinamismo, especialmente porque su personaje evoluciona hacia una figura de poder. Su participación no es solo un guiño al pasado, sino una pieza clave en el nuevo tablero de la moda.

Visualmente, la película cumple. El vestuario sigue siendo protagonista, pero ya no se siente como un desfile aspiracional, sino como parte de una industria que también compite por no volverse irrelevante.

En conjunto, El diablo viste a la moda 2 no supera a la original, pero tampoco se queda en un simple ejercicio de nostalgia. Es una secuela que entiende que el tiempo pasó, y que sus personajes —y su mundo— tenían que cambiar. Eso la hace interesante, aunque no siempre contundente.

Se estrena el 30 de abril, y más allá de dividir opiniones, logra algo que pocas secuelas consiguen: hacer que valga la pena volver.

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