La falta de operaciones y el cierre de instalaciones elevan riesgos para clientes y empleados.
El cierre del hangar de Magnicharters en Monterrey evidencia la compleja situación que enfrenta la aerolínea tras la suspensión de vuelos anunciada en abril.
El piloto Tony Lozada señaló que esta decisión no solo implica el cese de una instalación clave, sino también un impacto en trabajadores que han denunciado adeudos acumulados, así como en clientes que permanecen a la espera de soluciones por servicios no prestados.
Desde el punto de vista operativo, el cierre del hangar significa que las aeronaves dejan de recibir mantenimiento y permanecen en tierra, lo que podría convertirlas en activos susceptibles de embargo en caso de que la empresa enfrente procesos como concurso mercantil o quiebra.
A esto se suma el cierre de oficinas y mostradores en distintas ciudades, lo que ha complicado la atención a usuarios afectados.
La intervención de la Procuraduría Federal del Consumidor ocurre en un escenario donde la incertidumbre crece tanto para empleados como para pasajeros, mientras se esperan definiciones sobre la viabilidad financiera de la compañía.










