El núcleo de la Tierra, una de las regiones más inaccesibles del planeta, podría estar liberando pequeñas cantidades de material hacia las capas rocosas que se encuentran por encima de él. Un estudio científico publicado en la revista Nature encontró evidencia de este proceso mediante el análisis de rocas volcánicas de Hawái, en un hallazgo que aporta nuevas pistas sobre la dinámica del interior terrestre.
La investigación, publicada el 21 de mayo de 2025, fue realizada por un equipo internacional de científicos encabezado por investigadores de la Universidad de Göttingen, en Alemania. Los resultados identificaron una señal isotópica del rutenio, un metal precioso, en rocas volcánicas cuya composición también presenta características del tungsteno compatibles con una contribución del núcleo terrestre.
El descubrimiento respalda la hipótesis de que el material del núcleo puede incorporarse al manto, la capa de roca caliente que se encuentra entre el núcleo y la corteza terrestre. Posteriormente, parte de ese material podría desplazarse hacia regiones más superficiales mediante procesos geológicos asociados con el ascenso de magma.
Aunque el hallazgo ha despertado interés por la posibilidad de que metales preciosos estén presentes en material procedente de las profundidades del planeta, los investigadores no encontraron depósitos de oro accesibles ni demostraron que cantidades significativas de este metal estén llegando a la superficie.
Para realizar el estudio, los científicos analizaron basaltos y otras rocas de origen volcánico, principalmente de Hawái, con el objetivo de identificar señales químicas que permitieran determinar si parte de su composición procedía del núcleo terrestre.
Uno de los elementos centrales de la investigación fue el rutenio, un metal del grupo del platino que se encuentra concentrado en el núcleo metálico de la Tierra y que aparece en cantidades mucho menores en el manto rocoso.
Los investigadores examinaron las proporciones de distintos isótopos de este elemento. Los isótopos son variantes de un mismo elemento químico que tienen el mismo número de protones, pero diferente cantidad de neutrones.
Las muestras hawaianas presentaron una composición isotópica del rutenio distinta de la observada habitualmente en el manto. Al combinar este resultado con las mediciones de isótopos de tungsteno, los científicos encontraron una señal compatible con la incorporación de material procedente del núcleo.
Esta evidencia permitió fortalecer la hipótesis de que existe intercambio de material entre las dos regiones internas del planeta.
El estudio también analizó muestras de otros lugares, entre ellos las islas Galápagos y La Reunión, así como la isla de Baffin. Sin embargo, las señales identificadas no fueron iguales en todas las regiones, por lo que los resultados no permiten concluir que este proceso ocurra de la misma manera en todo el planeta.
La estructura terrestre está formada por varias capas. En el exterior se encuentra la corteza, seguida por el manto, mientras que en las profundidades se localiza el núcleo, compuesto principalmente por hierro y níquel.
El límite entre el núcleo y el manto se encuentra aproximadamente a 2 mil 900 kilómetros de profundidad. Las condiciones de presión y temperatura en esa región son extremas y hacen imposible acceder directamente a ella mediante perforaciones convencionales.
Por ello, los científicos estudian el interior de la Tierra a través de métodos indirectos, como el análisis de ondas sísmicas, experimentos de laboratorio y la composición química de las rocas que llegan a la superficie.
Una de las explicaciones consideradas en la investigación es que columnas de material caliente del manto, conocidas como plumas mantélicas, ascienden desde regiones profundas hasta alimentar determinados sistemas volcánicos.
Durante ese desplazamiento, podrían transportar componentes que tuvieron contacto con el núcleo. Cuando el material se funde y el magma alcanza zonas más superficiales, algunas de sus características químicas quedan registradas en las rocas volcánicas que se forman al enfriarse.
Durante las primeras etapas de formación de la Tierra, hace aproximadamente 4 mil 500 millones de años, los materiales más densos, especialmente el hierro y el níquel, se desplazaron hacia el centro del planeta y contribuyeron a formar el núcleo metálico.
Durante ese proceso, diversos elementos que tienen afinidad química por el hierro también quedaron concentrados en esa región. Entre ellos se encuentran metales preciosos como el oro y otros elementos del grupo del platino.
La Universidad de Göttingen señaló, al presentar la investigación, que más del 99.999 por ciento de las reservas de oro de la Tierra se encuentra en el núcleo, sepultado bajo miles de kilómetros de roca.
Esta concentración explica por qué el oro presente en el núcleo no representa una fuente de extracción disponible para la humanidad. Las temperaturas, las presiones y la profundidad hacen que cualquier acceso directo resulte inviable con la tecnología actual.
